Amar a Jesús con lo mejor de nosotros

Mateo 26:6-13 nos muestra un relato conmovedor del evento que tomó lugar justo antes de que Jesús fuese crucificado:

“Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a Él una mujer, con un frasco de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de Él, mientras estaba reclinado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se indignaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los a pobres. Y conociéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a Mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este ungüento sobre Mi cuerpo, lo ha hecho para Mi sepultura. De cierto os digo: Dondequiera que se proclame este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”.

 

¿Cuál era este ungüento de gran precio?

En esos días, el ungüento, una sustancia compuesta con aceite, resinas aromáticas y especies se usaba en los cosméticos, como medicina y para ungir el cuerpo de los fallecidos para su sepultura. Debido a su gran precio, no se guardaba en un recipiente frágil sino que se guardaba cuidadosamente en un frasco especial hecho de alabastro.

Este ungüento era lo más precioso que esta mujer tenía. Aún así, María vino y derramó en la cabeza del Señor su única posesión generosamente, sin escatimaciones y sin reservas.

¿Por qué lo hizo?

Lo que María hizo no lo hizo con el propósito de responder a un mandato del Señor. Sino en respuesta al gran amor que el Señor manifestó al morir en la cruz; el amor que María tenía para el Señor la motivó a derramar el ungüento en Jesús. Para ella, nada era más precioso que el mismo Señor Jesús. Al derramar su posesión más preciada en Él, ella testificó que Jesús era digno de todo su amor y todo lo que ella tenía.

¿De qué manera María llegó a amar y a atesorar tanto al Señor Jesús?

Anteriormente el Señor Jesús había hablado de Su muerte y resurrección venideras en cuatro ocasiones diferentes en Mateo. El Señor les hizo saber a los que le acompañaban que Él sufriría muchas cosas por parte de los sumos sacerdotes, ancianos y escribas, sería condenado a muerte por ellos y entregado a los gentiles. Les dijo que los gentiles se burlarían de Él y lo azotarían, y finalmente lo crucificarían. Jesús también les dijo que después de estas cosas, Él resucitaría en el tercer día.

Por medio de estas palabras, María se dió cuenta que el Señor, quien los había sanado, los había liberado de las ataduras del diablo, les había hablado palabras de vida y revelado el reino de Dios, estaba a punto de morir por ellos.

La nota 1 de mateo 26:12 habla de la relación que existe entre ver a Cristo y amarlo:

“María recibió la revelación de la muerte del Señor con lo que Él dijo en 16:21; 17:22-23; 20:18-19; 26:2. Así que, aprovechó la oportunidad para derramar sobre el Señor lo mejor que tenía. Amar al Señor con lo mejor de nosotros requiere que tengamos una revelación con respecto a Él”.

Cuando vemos la crucifixión y resurrección de Jesús en la Palabra de Dios, no podemos sino amarlo absolutamente y darle lo mejor de nosotros.

¿Por qué escogió ungir al Señor en ese momento?

La última vez que Jesús habló de Su muerte, Él les hizo saber a Sus seguidores exactamente cuando estas cosas sucederían. En Mateo 26:2 Jesús dijo:

“Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado”.

Por esta palabra, María supo que solamente faltaban unos cuantos días para la muerte del Señor por medio de ser crucificado.

El ungüento se usaba para ungir a los muertos para su sepultura, pero ¿por qué María ungió al Señor mientras estaba vivo? Ella quería ungirlo antes de que se lo llevaran para crucificarlo y así demostrarle el amor que ella sentía mientras tenía la oportunidad de hacerlo.

En cambio, Marcos 16:1 nos dice que después de que el Señor fue crucificado, algunas mujeres vinieron a Su tumba con especias para ungir Su cuerpo. Sin embargo, para entonces ya era demasiado tarde, debido a que Él ya había resucitado. Por otra parte, María no solamente amó al Señor, lo amó en el momento oportuno. Ella dio lo mejor que tenía para ungir al Señor en amor antes de que fuese crucificado, cuando tuvo la oportunidad. El Señor no solamente reconoció que lo que hizo ella, lo hizo para Su sepultura, sino que también la elogió por ello.

Cuán bueno sería si al igual que María nos dieramos cuenta que no solamente debemos amar al Señor, sino amarlo con lo mejor que tenemos en una ¡manera oportuna! En vez de aplazar nuestro amor por Él y consagrarnos a Él, debemos amar al Señor ahora y entregarnos a Él ahora mientras podemos aprovechar la oportunidad. La nota 1 de Mateo 26:11 nos dice: “Debemos amar al Señor y aprovechar la oportunidad de amarlo”.

¿A caso fue esto un desperdicio?

En aquel entonces, los discípulos consideraron el acto de María como un desperdicio extravagante. No pudieron ver en ese entonces la preciosidad que María sí miró. Hoy nuestra familia que todavía no es salva y amigos, compañeros de trabajo y compañeros de escuela es probable que crean que amar al Señor Jesús con todo lo que tenemos es un desperdicio de nuestro tiempo, talento y energía.

No obstante, lo que a simple vista parece un desperdicio para otros, no es un desperdicio ante los ojos del Señor o ante los ojos de aquellos que lo aman de esta manera.

La nota 1 que apunta al versículo 8 es una palabra maravillosa en cuanto a “desperdicio”:

“Los discípulos consideraban que la ofrenda de amor que María hizo al Señor era un desperdicio. Durante los veinte siglos pasados, miles de vidas preciosas, tesoros del corazón, puestos altos y futuros brillantes han sido ‘desperdiciados’ en el Señor Jesús. Aquellos que lo aman así, lo encuentran digno de ser amado de esta manera y digno de su ofrenda. Lo que han derramado sobre Él no es un desperdicio, sino un testimonio fragante de Su dulzura”.

El Señor Jesús, el más Hermoso y Amoroso en todo el universo, dio Su propia vida por nosotros ¡Cuán digno es Él de todo nuestro amor, todo lo que tenemos y todo lo que somos! Y ahora, no más tarde, es el mejor tiempo de derramar en Él la consagración de nuestro corazón, nuestra vida, nuestro futuro y nuestro todo de forma amorosa y sin reservas.

Las palabras en el siguiente himno “Dio María su ofrenda de amor” se basan en Mateo 26 y las notas de la Versión Recobro, las cuales expresan el gozo incomparable de amar al Señor Jesús y de entregarnos a Él. Esperamos que lo disfrute.

“Dio María su ofrenda de amor,
A otros desperdicio fue.
En todo tiempo amantes hay,
Que prueban Tu amor dulce.
Vidas preciosas, tesoros,
Futuros brillantes también,“Desperdiciados” han sido en Ti;
Tu dulzura fragancia fiel.
Tomó la oportunidad
De amarte con lo mejor,
Como ella yo también,
Derramo todo mi amor.

Mientras te amo, centro mi ser:
Espíritu, alma y cuerpo;
Mente, fuerzas y corazón,
También en Ti centro yo.
Dejo que mi completo ser sea ocupado por Ti,
Así entro en Tu corazón
Dulce comunión aquí.
Ocupado y perdido en Ti,
Señor, mi todo eres Tú.
Comunión tan íntima,
Disfruto en mi espíritu.

A nadie más puedo desear
En la tierra ni el cielo.
Mi corazón podrá fallar,
Mas Tú serás mi porción.
Todo es vano, basura es; “ganancias”, pérdidas son,
Usurpan mi corazón,
Mas Tú has ganado mi amor.
Cuán precioso eres, Señor,
Tu belleza ha llegado a mí.
Hoy confieso yo, Señor,
Mi amor sólo es para Ti.

Aquí puede escuchar la melodía.

Si quiere saber más sobre la consagración y como consagrarse a Dios, tome un momento para ver estás demás entradas:¿Cuál es el signifcado de la consagración y por qué es necesario que nos consagremos?, ¿Cómo me consagro al Señor?, La consagración que Dios hizo y el amor de Dios.

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