Cómo cuidar de nuestro corazón para mantener nuestra relación con el Señor

Imagínese que sale a comer con alguien que usted ama. Este es un tiempo en el cual ustedes dos deben compartir sus pensamientos y experiencias a fin de conocerse mejor y establecer su relación. Pero qué sucede si en medio de la conversación saca su teléfono y comienza a leer sus correos electrónicos o se distrae por la televisión que hay en el restaurante o no escucha lo que la otra persona está diciendo debido a que hay algo más que está ocupando su corazón. La oportunidad de establecer una relación amorosa se pierde.

Nuestra relación con Jesucristo es igual. Él desea tener una relación amorosa y personal con nosotros, sin embargo, a menudo, incluso en nuestros tiempos de comunión con Él, estamos distraídos y preocupados. En una entrada anterior, miramos que nuestra relación con Jesús se comienza y mantiene por nuestro corazón. No obstante, el problema es que aunque deseamos cultivar nuestra relación con el Señor, muchas cosas en el mundo compiten por captar la atención de nuestro corazón. Es preciso que aprendamos a cómo cuidar de nuestro corazón a fin de que verdaderamente podamos conocer a la Persona que nos ama y desea tener una relación con nosotros en la forma más profunda posible.

Cuatro formas para cuidar de nuestro corazón

1. Por medio de volver nuestro corazón al Señor—2 Corintios 3:16:

“Pero cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado”.

Estar con la persona que amamos requiere que estemos presentes no solamente en el cuerpo sino también en nuestro corazón; es igual con el Señor. Quizás dediquemos tiempo para pasar con Él, pero si nuestro corazón está en otra parte, es como si no estuviéramos realmente con Él. Nuestro corazón puede alejarse de el Señor a otras cosas tales como las ansiedades, distracciones mundanas o hasta con los asuntos de la vida diaria.

Aunque amamos al Señor Jesús, es muy fácil que nuestros corazones se vuelvan a una cantidad de cosas. De modo que debemos establecer un hábito sano de volver nuestro corazón a Él todo el tiempo, cada día, e incluso durante todo el día. Podemos comenzar cada mañana cuando nos despertamos con una oración sencilla: Señor Jesús, esta mañana vuelvo mi corazón a Ti”.

Luego, cuando estemos en nuestro tiempo con el Señor por la mañana, aún antes de leer la Biblia, podemos tomar un tiempo para orar nuevamente: “Señor Jesús, te amo. Vuelvo mi corazón de nuevo a Ti”. Ya que venimos con una Persona real y no a marcar tarjeta en un reloj registrador, debemos acercarnos a Cristo con nuestro corazón. Cuando volvemos nuestro corazón al Señor, el velo es quitado. Nada nos puede separar de Él, y lo disfrutamos en la Palabra.

Durante todo el día, cuando sentimos que nuestro corazón se ha alejado de Cristo, podemos orar otra vez: “Señor Jesús, nuevamente, me vuelvo de todo a Ti. Oh Señor Jesús te amo”. Invocar el nombre del Señor Jesús nos ayuda a volver nuestro corazón a Él de forma instantánea. Y qué promesa tan maravillosa nos da Su Palabra: “¡pero cuando!” esto significa que puede ser a cualquier hora, en cualquier lugar, no importa nuestra condición, podemos volver nuestro corazón a Él y el velo es quitado.

2. Por medio de ejercitar nuestro corazón para creer—Romanos 10:9-10:

“Que si confiesas con tu boca a Jesús como Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”.

Conforme a estos versículos, creer es un asunto del corazón. Es crucial que creamos con nuestro corazón, en lo que concierne a la Palabra del Señor y Sus acciones en nuestra vida, así mantendremos nuestra relación con Él.

Por ejemplo, digamos que dudamos de las palabras o acciones de la persona que amamos. Esta falta de confianza ciertamente perjudicará nuestra relación.

Tito 1:2 dice claramente que Dios es uno “que no miente”. En todo el universo, ¡Él es la Persona más digna de confianza! Su palabra es verdad y podemos creerla. Dudar de Sus palabras y acciones afecta de forma negativa nuestra relación con Él.

En vez de dudar, cuando acudamos a la Palabra de Dios nuestro corazón se debe volver al Señor y ejercitarse diciendo: “Señor creo en Tu Palabra. Señor, la recibo y digo Amén a Tu Palabra”. Esto nos ayudará a guardar nuestra relación con el Señor de sufrir daño al dudar de Su Palabra.

Respecto a las acciones del Señor, también debemos ejercitar nuestro corazón y creer en lo que Él dispone en nuestras vidas y entorno. En Romanos 8:28 el apóstol Pablo nos asegura que “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados”. Especialmente, cuando atravesamos por situaciones difíciles, es muy fácil que dudemos del amor que Dios tiene por nosotros. No obstante, en Romanos 8:37 Pablo continúa y dice: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó”. Finalmente, Pablo termina el capítulo diciendo que nada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Ciertamente es más fácil que creamos en la voluntad de Dios cuando las cosas marchan bien. Pero cuando tenemos dificultades, es incluso más importante ejercitar nuestro corazón para creer y decirle al Señor en fe: “Señor Jesús creo en lo que Tu dispongas para mi vida. Creo que en Tu corazón solo existe el bien para mí y que Tu sabes lo que necesito”.

Por medio de ejercitar nuestro corazón para creer en la Palabra de Dios y Su voluntad, le honramos y mantenemos nuestra relación con Él en un estado sano y normal.

3. Por medio de purificar nuestro corazón de mala conciencia con la aspersión de la sangre —Hebreos 10:22:

“Acerquémonos al Lugar Santísimo con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia con la aspersión de la sangre, y lavados los cuerpos con agua pura”.

Nuestra conciencia es la parte principal de nuestro corazón y nos muestra el bien del mal. Cuando estamos mal en nuestra conciencia, sabemos que estamos mal con el Señor o con los demás. No podemos mantener nuestra relación con el Señor si negamos o ignoramos el sentir en nuestra conciencia que nos dice que estamos mal delante de Él.

Es probable que pensemos que no tenemos ningún tipo de problema en nuestra conciencia, especialmente si no pasamos tiempo volviendo nuestro corazón al Señor y abriéndonos a Él. Sin embargo, cuando volvemos nuestro corazón, nos abrimos a Él y Él tiene la manera de alumbrar nuestra conciencia. Espontáneamente comenzamos a sentir que hemos pecado y que estamos mal en ciertas áreas de nuestro vivir. El sentir de nuestra conciencia nos redarguye, por ejemplo, cuando actuamos con indiferencia hacia una persona, cuando decimos o hacemos algo que no debíamos de haber dicho o hecho, o cuando no somos sinceros en cierta situación. Nuestra conciencia nos redarguye cuando desobedecemos al Señor. De modo que cuando nuestra conciencia nos advierte de que algo anda mal, ¿qué debemos hacer?

En vez de intentar cubrir o negar nuestro pecado, simplemente debemos confesar nuestros pecados al Señor. Cuando confesamos, Él nos perdona y nuestro corazón es limpiado de toda mala conciencia por la preciosa sangre de Jesús. Entonces, tenemos paz, nuestra comunión es recobrada y nuestra relación con el Señor es sustentada.

4. Por medio de tener un corazón renovado —Ezequiel 36:26:

“También os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne”.

Cuando fuimos recién salvos, Dios nos dió un corazón nuevo que es suave y amoroso hacia Él. ¡Esto es maravilloso! No obstante, para mantener nuestro corazón renovado, es preciso que volvamos nuestro corazón al Señor, creamos en Él, confesemos cualquier pecado del cual nuestra conciencia nos redarguye y experimentemos la limpieza de la sangre de Jesús. Al hacer esto, nuestro corazón es renovado una y otra vez, y espontáneamente amamos más al Señor.

Debemos ejercitar nuestro corazón a diario

Las cuatro maneras mencionadas anteriormente relacionadas a cómo cuidar nuestro corazón no representan algo que solamente hacemos una sola vez y para siempre. A diario, por el resto de nuestra vida, es preciso que prestemos atención a nuestro corazón en relación a estas maneras.

Los siguientes pasajes del libro La economía de Dios por Witness Lee nos muestran la importancia y el resultado de cuidar nuestro corazón adecuadamente:

“Todas las experiencias espirituales comienzan con un amor en el corazón. Si no amamos al Señor es imposible recibir algún tipo de experiencia espiritual”. (pág. 73)

“Debemos aprender a tornar continuamente nuestro corazón y a ejercitarlo, para tener un corazón purificado de mala conciencia y nuevamente renovado con el fin de poder amar al Señor cada vez más. Que la iglesia perdiera su primero y fresco amor hacia el Señor fue la causa de que ella cayera y se degradará. Cuando nuestro corazón no sea fresco en cuanto a amar al Señor, habremos caído. Debemos volver nuestro corazón hacia el Señor una y otra vez, y renovarlo continuamente para que tengamos un nuevo y fresco amor para con el Señor”. (pág. 73)

Que todos podamos aprender a volver nuestros corazones al Señor; ejercitar nuestro corazón para creer en Su Palabra; prestar atención al sentir de nuestra conciencia por medio de confesar nuestros pecados; y renovar nuestros corazones todos los días. Que podamos cuidar de nuestros corazones para que nuestra relación con el Señor pueda ser mantenida adecuadamente y crecer con mayor profundidad, y para que nuestro amor por el Señor pueda también crecer tanto en ¡fortaleza como en frescura!


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