Cómo pasar tiempo con Jesús en la mañana

En una entrada anterior hablamos acerca de la importancia de establecer el hábito de pasar tiempo con Jesús en la mañana. Este hábito maravilloso es crucial para crecer en nuestra relación con Cristo.

Es posible que se dé cuenta de los beneficios que produce este tipo de hábito y por lo tanto, desea que sea parte de su vida, pero no está seguro de cómo pasar ese tiempo. ¿De qué manera debemos pasar tiempo con Jesús? ¿Qué debemos hacer en nuestro tiempo con Él en las mañanas?

A través de los siglos, creyentes que han amado al Señor y buscado conocerle más han descubierto muchas maneras disfrutables y beneficiosas de pasar tiempo con Él en las mañanas. Más adelante veremos algunos de estos descubrimientos. Pero antes, refresquemos rápidamente nuestra memoria de lo que implica tener este tiempo con Jesús por la mañana.

La meta de nuestro tiempo con Jesús en la mañana

Pasar tiempo con el Señor cada mañana no tiene como propósito cumplir con un deber religioso o llevar a cabo un ritual. Si sólo marcamos la hora de entrada y salida pero nuestro corazón realmente no está allí o nuestro espíritu no está involucrado en ello, puede que desarrollemos este hábito, pero no será uno de disfrute o que nos ayude a conocer más al Señor o a crecer en Su vida. No tiene sentido ni es provechoso mantener una práctica vacía.

Antes bien, debemos tomar este tiempo por la mañana como una oportunidad para estar íntima y personalmente con Aquel a quien amamos: nuestro querido Salvador Cristo. El Señor Jesús es una persona maravillosa que vive en nosotros y la meta de este tiempo es contactarlo en nuestro espíritu para ser nutridos por Él en Su Palabra, disfrutarle, recibir Su hablar y conversar con Él.

Teniendo esto en mente, veamos algunas maneras de pasar tiempo con el Señor cada mañana.

Invocar el nombre del Señor

Algunas veces, la mejor oración es simplemente invocar el nombre del Señor. En nuestro tiempo con Jesús por la mañana podemos orar de manera sencilla: “Oh Señor Jesús”. Invocar el nombre del Señor puede ayudarnos a que comencemos a abrir nuestro corazón a Él y ejercitemos nuestro espíritu para contactarle. Mientras invocamos, podemos orar aún más: “Señor Jesús, esta mañana una vez más vuelvo mi corazón a Ti. Señor Jesús deseo contactarte en mi espíritu para recibir Tu vida”. Cuando invocamos, podemos contactar al Señor como el Espíritu vivificante en nosotros y, de esta manera, recibir Su vida. M.E. Barber en uno de sus himnos maravillosos lo expone muy bien: “Respirar, Jesús Tu nombre, me da vida en verdad”.

Decirle al Señor que lo amamos

El Señor desea nuestro amor y cuando saludamos al Señor por la mañana con un “Señor Jesús te amo” experimentamos una dulce sensación. Entre más le decimos que lo amamos, más crecerá nuestro amor por Él, y más disfrutaremos Su amor por nosotros. Nuestro corazón llega a estar más sensible y abierto hacia Él.

Alabar y dar gracias al Señor

Podemos alabar y dar gracias al Señor por todo lo que ha hecho y por lo que es. Por ejemplo, podemos alabarle por los hechos maravillosos que encontramos en la Palabra de Dios:

“Señor Jesús, te alabo por Tu logro y Tu victoria en la cruz”.
“Te alabo Señor, Tú eres la resurrección y la vida”.
“Te alabo Señor Jesús, Tú eres Dios y eres el hombre perfecto, sin pecado”.
“Señor, Tú eres el Cordero de Dios. ¡Te alabo!”

Efesios 5:18 y 20 nos dice que podemos ser llenos con el Señor en nuestro espíritu humano al dar gracias. Además de la infinidad de cosas específicas por las cuales podemos dar gracias en nuestras vidas, también podemos dar gracias al Señor por lo que Él es para nosotros y por lo que hace por nosotros según se revela en la Biblia. Por ejemplo:

“Gracias Señor Jesús por Tus misericordias nuevas esta mañana”.
“Gracias Señor por ser mi vida”.
“Señor Jesús, gracias por amarme y salvarme”.
“Oh Señor, gracias por vivir en mí y por siempre estar en mí ”.
“Gracias Señor Jesús por ser mi pan de vida”.

Confesar nuestros pecados

Cada mañana podemos confesar nuestros pecados al Señor a medida en que nos los hace saber por medio de nuestra conciencia. Esto es muy importante en nuestra comunión con Él. Todos hemos experimentado cuán incómodo es pasar tiempo con alguien con quien hemos discutido o a quien hemos ofendido. Incluso, es difícil conversar con esa persona. Quizás cuidemos el uno del otro, sin embargo, una barrera nos separa, y ésta dificulta que tengamos un tiempo agradable.

Nuestra relación con el Señor Jesús es aún más delicada. Él vive en nosotros y conoce todas las cosas. Aunque desea tener comunión con nosotros no puede tolerar el pecado. De modo que cuando pecamos o le desobedecemos, se forma una barrera que nos separa de Él.

Sin embargo, podemos confesar nuestros pecados a Jesús para recibir Su perdón y lavamiento. De esta manera, se elimina la barrera y podemos sentir una paz entre nosotros y el Señor. Así, una vez más, podemos tener comunión con el Señor libremente con un corazón despejado y abierto.

Leer y orar la Palabra de Dios

Podemos leer la Biblia en la mañana e incluso utilizar la Palabra para orar. Para hacer esto, es mejor no leer muchos versículos sino enfocar nuestra oración en uno o dos. Podemos tomar otro tiempo para estudiar Su Palabra. La meta aquí es ser nutridos.

Podemos leer un capítulo o la mitad de uno si es un capítulo largo, y luego volver al capítulo y orar con uno o dos versículos según el Señor lo haya tocado. Por ejemplo, supongamos que leyó Juan 4 en su lectura bíblica diaria y que los versículos 10 y 14 le resaltaron. Usted puede orar con estos versículos: “Señor Jesús, Tú eres el agua viva. Oh Señor, vengo a Ti ahora mismo para beber de Ti. Solamente Tú puedes darme el agua que sacia mi más profunda sed. Gracias Señor, que ahora eres el agua viva en mí, una fuente de agua que salta para vida eterna. Mantenme bebiendo hoy de Ti”.

Sea lo que sea que hagamos en nuestro tiempo en la mañana con Jesús, siempre debemos incluir tiempo en la Palabra en oración a fin de recibir una nutrición considerable. Podemos conversar con Jesús usando Su Palabra y Él puede hablarnos en Su Palabra. Mientras oramos usando la Palabra de Dios y oramos con la Palabra de Dios, Su Palabra nos nutre, refresca, ilumina y fortalece.

Cantar al Señor

Algunas veces, un himno expresa lo que pensamos y sentimos mejor de lo que nuestras palabras pueden expresarlo. Cantar o leer en oración un himno nos abre de manera profunda al Señor Jesús. Efesios 5:18 y 19 nos dice que cantar al Señor con nuestros corazones es otra manera de ser llenos en nuestro espíritu con Su Espíritu. El sitio web hymnal.net es un excelente recurso de himnos que incluye también la música de cada uno.

Una Persona

Ciertamente podemos orar al Señor y pedirle por algunos asuntos o personas en nuestras vidas, no obstante, el Señor Jesús es una persona viviente que desea tener una relación con nosotros. De modo que primero debemos acudir a Él para disfrutar Su presencia, en lugar de comenzar nuestro día exponiendo ante Él las cosas que se encuentran en nuestra “lista de deseos”. Cuando contactemos primero al Señor en nuestro espíritu y lo disfrutemos en Su Palabra, Él nos guiará de qué manera orar por estos asuntos según Su voluntad.

Los seis puntos descritos anteriormente en esta entrada no tienen un orden en particular y no se deben tomar como si fueran una fórmula fija. Puede que a veces comencemos alabando al Señor Jesús y dándole gracias. Luego, puede que el Señor nos alumbre en cuanto a haber desobedecido en algún asunto el día anterior, y entonces, podemos confesarle ese pecado. Otras veces, tal vez oremos Su Palabra, invoquemos Su nombre y le cantemos todo al mismo tiempo.

Lo más importante es abrir nuestro corazón y ejercitar nuestro espíritu para contactar la Persona viva de Cristo. Esto hace que nuestro tiempo no se convierta en algo metódico, rutinario o vacío; antes bien, disfrutaremos al Señor de manera fresca cada mañana. A medida que practicamos estas cosas, el Señor nos mostrará cómo contactarlo de una forma viviente y personal.


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