Jesús, el Cordero de Dios

El Cordero de Dios es un nombre precioso que hace referencia al Señor Jesús y seguramente lo ha escuchado anteriormente o recuerde haberlo leído en la Palabra de Dios. Además, muchos de nosotros lo hemos cantado en cantos e himnos cristianos donde alabamos al Señor como el Cordero de Dios. Por lo tanto, para que nuestra apreciación por el Señor Jesús como el Cordero de Dios crezca, debemos sumergirnos en el significado e importancia de este nombre de Cristo tan profundo que está en la Biblia.

La caída del hombre y el cordero en Génesis

Para entender el significado del nombre el Cordero de Dios, es necesario que vayamos al principio en Génesis. Después de que Dios creó a Adán y Eva, Él los puso en el huerto de Edén, y en este huerto estaba el árbol de la vida. Dios deseaba que Adán y Eva comieran de este árbol, el cual representa la vida eterna y divina de Dios. Dios deseaba compartir Su vida con ellos y ser todo para ellos. Si ellos hubieran participado de este árbol, se habrían hecho uno con Dios, Él hubiera llegado a ser su vida interiormente, y lo hubieran expresado interiormente en su vivir.

Dios también advirtió específicamente a Adán y Eva que no comieran de otro árbol, el árbol del conocimiento del bien y el mal. Él les dijo que si comían, ciertamente morirían, debido a que este árbol representa a Satanás como el origen de muerte para el hombre. Lamentablemente, sabemos que Satanás sedujo a Adán y Eva para que comieran de este árbol. Ellos desobedecieron a Dios, y al comer de este árbol, fueron envenenados con la naturaleza pecaminosa de Satanás.

Ya que Dios es justo y santo, Él no podía simplemente pasar por alto su desobediencia; Dios no puede tolerar el pecado. Y como Romanos 6:23 dice: “La paga del pecado es muerte”, ellos tenían que morir. Sin embargo, Dios no deseaba que los seres humanos quienes Él creó murieran. De modo que, ¿qué podía hacer Él?

En vez de matarlos, Dios hizo túnicas de pieles y los vistió. Basados en la revelación que se presenta en el Antiguo Testamento más adelante, el animal con que se hicieron las pieles probablemente era un cordero.

Ese cordero tomó su lugar y murió por ellos. De modo que en vez de que Adán y Eva murieran, el cordero murió. En vez de que su sangre fuese derramada, la sangre del cordero fue derramada. Un cordero inocente murió por los que eran culpables. Y debido a que murió por ellos, Dios pudo vestir a Adán y Eva con las pieles del cordero que los sustituyó. Cuando Dios miró a Adán y Eva desde ese momento, Él no miró su condición pecaminosa; Él miró al cordero.

Desde ese momento, y a través de los tiempos del Antiguo Testamento, una persona no podía acudir a Dios sin antes ofrecer un cordero. Lo que se requería era que se sacrificara a un cordero para morir en el lugar de quien lo ofrecía y derramar su sangre por los pecados de quien lo ofrecía. La muerte y derramamiento de la sangre del cordero era la única manera que los seres humanos pecaminosos fueran aceptados por Dios. Hebreos 9:22 nos dice claramente: “Sin derramamiento de sangre, no hay perdón”.

Sin embargo, el cordero que las personas en el Antiguo Testamento ofrecían solamente era una solución temporal, una sombra de la venida de Jesús como el verdadero Cordero de Dios quien quitaría para siempre todos los pecados de Sus creyentes.

El Cordero de Dios

En el Antiguo Testamento, cada cordero que se ofrecía era el cordero de un hombre, quien era preparado por el que lo ofrecía. No obstante, en Juan 1:29 en el Nuevo Testamento, cuando juan el bautista miró a Jesús, él declaró lo siguiente:

“¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”.

Juan el bautista declaró que Jesús era el Cordero de Dios. Jesús era el verdadero Cordero preparado a propósito por Dios mismo quien quita el pecado de todo el mundo. Como Aquel quien es el único sin mancha y pecado, solamente Jesús estaba plenamente capacitado para morir por el hombre caído, derramar Su preciosa sangre y quitar el pecado del mundo.

El Cordero de Dios cargó con nuestros pecados, murió y derramó Su sangre por nosotros en la cruz

¿De qué manera Jesús quita el pecado del mundo?

El deseo de Dios por reconciliar al hombre caído con Él mismo era tan grande que ofreció a Jesús, el Hijo de Dios, para ser el Cordero de Dios, aquel que cargó con nuestros pecados. Aunque Jesús es el Hijo de Dios, es decir, tiene divinidad, por medio de la encarnación Él se vistió de un cuerpo de carne y sangre a fin de morir por nosotros.

El relato presentado en los evangelios nos dice que fue en la cruz que Jesús, Él que no tenía culpa, cargó con nuestros pecados, murió y derramó Su sangre por nosotros, los pecadores culpables. Allí Dios puso todos los pecados de la humanidad en Jesús como el Cordero de Dios del sacrificio. Isaías 53:5 dice: “Mas Él herido fue por causa de nuestras transgresiones, molido por causa de nuestras iniquidades; el castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus llagas fuimos nosotros sanados”. ¡Cuán pesada ha de ver sido la carga de pecado que llevó nuestro querido Salvador!

Mientras Jesús cargó el pecado del mundo, Dios lo juzgo como nuestro sustituto. Es por esto que en un momento determinado, Jesús exclamó: “Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has desamparado?” Dios tuvo que desamparar a Jesús en la cruz, no debido a que tuviera pecado, pero debido a que Él tomó el lugar de nosotros los pecadores.

La justicia de Dios, requiere el derramamiento de la sangre de Jesús por nosotros a fin de que obtengamos el perdón de los pecados. ¡Nuestro querido Señor Jesús cargó con nuestros pecados en la cruz, sufrió la muerte por nosotros y derramó Su propia sangre por nosotros! Su sangre nos limpia de nuestros pecados y nos reconcilia con Dios. Jesús, el Cordero de Dios, efectuó una redención perfecta y eterna por nosotros.

Cuando nos damos cuenta de lo que significa que Jesús es el Cordero de Dios, no podemos sino amarlo con todo nuestro corazón.

Jesús es el Cordero de Dios hoy y por la eternidad

En Génesis vemos la caída del hombre y un cordero que fue inmolado por Adán y Eva como un cuadro de Cristo quien es el Cordero de Dios. En el Nuevo Testamento, vemos la realidad de ese cuadro: Jesús el Cordero de Dios, quitó el pecado del mundo por medio de Su muerte en la cruz.

Ahora en la resurrección, Él todavía es nuestro Cordero de Dios. Jamás debemos olvidar que cada vez que acudimos a Dios para tener comunión con Él, no acudimos por nuestro propio mérito, pero por la sangre derramada del Cordero de Dios.

Incluso, en Apocalipsis, los versículos que hablan sobre la eternidad futura, siguen refiriéndose al Señor como el Cordero de Dios:

“Y me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, en medio de la calle”. (Apocalipsis 22:1)

Por toda la eternidad, Jesús será el Cordero de Dios para nosotros, Sus redimidos. ¡Alabado sea el Señor!

Más versículos donde podemos apreciar al Cordero de Dios

Los siguientes versículos contenidos en la Biblia nos ayudarán a meditar y apreciar a Jesús como el Cordero de Dios. Que tanto nuestro corazón como nuestra lengua se llenen de ¡gratitud y alabanza para Él!

Isaías 53:6—Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su propio camino, y Jehová hizo que la iniquidad de todos nosotros cayera sobre Él.

Mateo 27:46—Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabactani? Esto es: Dios Mío, Dios Mío, ¿porqué me has desamparado?

2 Corintios 5:21—Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros viniésemos a ser justicia de Dios en Él.

1 Pedro 1:18-19—Sabiendo que fuistéis redimidos de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero, sin defecto y sin mancha.

1 Pedro 3:18—Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevaros a Dios, siendo muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu.

Conocer al Cordero de Dios personalmente

Si no se ha enterado que Jesús es el Cordero de Dios, es probable que piense: “¿De qué manera puedo obtener este perdón y conocer al Cordero de Dios?” Aunque esto es un hecho que ya se cumplió que Jesús es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, este hecho debe aplicarlo a usted personalmente. Simplemente arrepiéntase, es decir, vuélvase de su lejanía a Dios y acérquese de nuevo a Él. Crea en Jesús y en todo lo que Él ha hecho por usted y reciba al Cordero de Dios como su Salvador. Puede hacerlo abriendo su corazón y orar así:

Señor Jesús, me vuelvo a Ti. Confieso que soy pecador. Necesito que me perdones. Señor Jesús, creo en Ti y en todo lo que has hecho por mi. Gracias por morir por mi como el Cordero de Dios. Te recibo como mi Salvador ahora mismo. Amén”.

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