La necesidad urgente de la oración y la predicación del evangelio

Pareciera como que a diario somos asediados por informes espeluznantes llenos de conflictos, odio y violencia entre las personas, tanto a nivel nacional como en el extranjero. Estos eventos son desgarradores, inquietantes y perturbadores.

El odio y la violencia entre las personas es una prueba de la condición caída de la humanidad. De modo que, si no hay ninguna otra cosa que nos convenza de que nosotros los seres humanos somos profundamente pecaminosos y estamos en necesidad de un Salvador, estos acontecimientos traumáticos deben de convencernos.

Los esfuerzos bien intencionados de las personas por introducir la paz a este mundo extremadamente problemático solo pueden llegar hasta cierto punto, pero como creyentes en Cristo, ¿cómo debemos reaccionar?

Orar

El Señor Jesús nos dijo que debemos orar y que nuestro corazón no decayera. De manera que, si alguna vez hubo un tiempo para que oraramos, ese tiempo es hoy.

¿Por cuáles asuntos debemos orar? En esta entrada presentaremos dos asuntos por los cuales debemos orar.

En Mateo 6:9-13 el Señor nos enseña cómo debemos orar:

“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del maligno; porque Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria,por todos los siglos. Amén”.

La primera parte de esta oración se relaciona a la necesidad de Dios, y la segunda parte, a nuestra necesidad. En esta entrada, nos enfocaremos en la primera parte.

Dios necesita que hoy oremos para que Su santo nombre sea santificado, para que Su reino venga y para que se haga Su voluntad en la tierra, así como en el cielo. En medio de que el nombre de Dios es maldecido en el mundo y de la rebelión de la humanidad pecaminosa en contra de Dios, Él nos necesita, necesita que Sus creyentes oren de esta manera.

La nota 1 del versículo 10 nos ayuda a entender porque es necesario orar de esta manera:

“Después de la rebelión de Satanás (Ez. 28:17; Is. 14:13-15), la tierra cayó en su mano usurpadora. Por tanto, la voluntad de Dios no pudo hacerse así en la tierra como en el cielo. Por lo tanto, Dios creó al hombre con la intención de recobrar la tierra para Sí (Gn. 1:26-28). Después de la caída del hombre, Cristo vino a traer el dominio celestial a la tierra, para que ésta fuese recobrada de acuerdo con los intereses de Dios, a fin de que Su voluntad fuese hecha así en la tierra como en el cielo. Es por eso que el nuevo Rey, con Sus seguidores, estableció el reino de los cielos. El pueblo del reino debe orar por esto hasta que la tierra sea completamente recobrada para la voluntad de Dios en la edad del reino venidero”.

En 1 Timoteo 2:1-4 el apóstol Pablo nos exhortó a orar diciendo:

“Exhorto ante todo, a que se hagan peticiones, oraciones, intercesiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que llevemos una vida tranquila y sosegada en toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad”.

La nota 1 del versículo 4 dice:

“Debemos orar por todos los hombres (v. 1), porque Dios nuestro Salvador desea que todos los hombres sean salvos y conozcan la verdad. Nuestra oración es necesaria para llevar a cabo el deseo de Dios”.

Hoy debemos orar por la necesidad de Dios: para que Su nombre sea santificado, venga Su reino y se haga Su voluntad en la tierra. También debemos orar por la necesidad del hombre: por nuestros parientes, amigos, vecinos—todos los hombres—para que sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.

Id

En Mateo 6 el Señor nos enseña a orar por la necesidad de Dios en cuanto a Su reino y en el mismo libro, tenemos el relato de la aparición del Señor a Sus discípulos después de Su crucifixión y resurrección, mandándoles una palabra específica:

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todo cuanto os he mandado; y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo”. (Mt. 28:18-20)

Aquí el Señor Jesús nos mandó a salir a predicar el evangelio a todos, a todas las naciones. Al hacerlo, salimos con la autoridad del Señor y con el Señor mismo, quien está con nosotros siempre.

La nota 2 en el versículo 19 explica el resultado de nuestra salida al predicar el evangelio a los incrédulos:

“Esto significa hacer que los paganos sean el pueblo del reino para establecer aun hoy en la tierra el reino de Cristo, el cual es la iglesia”.

Hablarle a las personas acerca del Señor Jesús y llevarlos a recibirle como su Salvador es la ayuda más grande que podemos ofrecerles. Al recibir a Cristo las personas reciben la vida divina de Dios a fin de llegar a ser Su pueblo del reino y sean liberados de este mundo corrupto por Satanás.

Las personas necesitan que les llevemos el evangelio

En Juan 10:10 el Señor Jesús dijo acerca del diablo: “El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Satanás comenzó su actividad maligna en el hombre en el huerto de Edén, cuando engañó y envenenó a Adán con el pecado, introduciendo la caída a toda la raza humana. Desde entonces y hasta el día de hoy, Satanás no ha cesado de llevar a cabo su misión perversa de hurtar, matar y destruir a la humanidad preciosa que Dios creó para Su propio propósito. Los acontecimientos terribles que han sucedido en estos últimos días son una prueba de su obra.

Las personas quizás no se den cuenta que lo que están presenciando son los actos malignos del ladrón. Sino que se afligen por los incidentes continuos cada vez más violentos. No pueden evitar mas que estar ansiosos y con temor. Están desesperados porque algún día la condición del mundo llegue a mejorar. Se sienten sacudidos, pues no tiene nada sólido en que pararse o ninguna esperanza a la cual asirse.

Necesitan el evangelio de Jesucristo, conocerlo y Su salvación. ¿Como puede ser posible que nosotros quienes conocemos al Señor Jesús los privemos de las buenas nuevas sobre el Salvador?

En Juan 10:10 el Señor Jesús habló del diablo y su actividad maligna, no obstante, Él no detuvo Su hablar allí; a diferencia del ladrón que vino a hurtar, matar y destruir, Cristo dice acerca de Él mismo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. ¡Qué grandioso es este evangelio! El Señor Jesús es el Dios mismo Todopoderoso quien vino a ser un hombre por medio de la encarnación. Él vino a este mundo oscuro y a los seres humanos caídos para darnos vida—eterna, la vida divina. Debido a la humanidad perfecta de Jesús en cuanto a su vivir, muerte y resurrección, nosotros los seres humanos dañados podemos participar de Su vida divina, incluso de forma abundante.

Las personas miran los actos de violencia horrorosos del mundo, pero necesitan mirar algo más: el Salvador maravilloso de este mundo. En Juan 10:11, Jesús dijo: “Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor pone Su vida por las ovejas”. Las ovejas que están perdidas en el mundo necesitan conocer a Jesús como el Pastor que redime y vivifica.

Dios necesita nuestra oración para traer Su reino y Su voluntad a la tierra. Las personas necesitan que vayamos a ellos para anunciarles las buenas nuevas de Jesucristo a fin de que puedan recibir al Salvador para tener vida eterna y lleguen a ser el pueblo del reino.

Que el Señor aumente nuestra oración por Su reino y voluntad, y aumente nuestro hablar a otros de las buenas nuevas de nuestro Salvador, quien es el Deseado de todas las naciones y la esperanza de la humanidad.

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