Lo que dice 2 Timoteo 2:22 sobre huir de las pasiones y cómo esto se aplica a nosotros hoy

Todos tenemos las pasiones y somos susceptibles a ellas, y mientras tengamos estos cuerpos terrenales, nunca podremos estar a salvos de ellas. Esto se debe a que en la caída de toda la raza humana, el cuerpo físico y puro que Dios creó se convirtió en carne de pecado, lleno de pasiones.

Nosotros los creyentes no estamos exentos de este hecho. Ciertamente, cuando creímos en Cristo Jesús, fuimos perdonados de nuestros pecados y fuimos salvos eternamente. Llegamos a ser los hijos de Dios, nacidos de nuevo con Su vida divina. Sin embargo, aunque nuestro espíritu fue regenerado, nuestro cuerpo no lo fue. Los deseos pecaminosos siguen en nuestra carne.

El hecho de que los creyentes todavía tengan los deseos de la carne se demuestra en varios versículos en el Nuevo Testamento, pero en esta entrada nos enfocaremos en 2 Timoteo 2:22. Pablo aquí no se refería a un incrédulo. Él le dió esta palabra a un joven llamado Timoteo, su hermano en el Señor y colaborador en el servicio al Señor:

“Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor”.

Si las pasiones de la carne ya no fueran un problema para Timoteo debido a que ya era una persona salva y espiritual, ¿por qué Pablo le dió está palabra fuerte? y ¿qué significado tiene este versículo para nosotros los creyentes en la actualidad?

Huir de las pasiones juveniles

La palabra que Pablo dió a Timoteo respecto a las pasiones, se aplica a todos nosotros los creyentes. Aunque Pablo dijo pasiones “juveniles” debido a que estaba hablándole a Timoteo quien era un hombre joven, eso no quiere decir que debemos ignorar esta palabra si no somos jóvenes. Ya sea que seamos jóvenes o no, tenemos un cuerpo corrupto de pasiones pecaminosas que son incitadas por el mundo. El mundo, como el sistema satánico que es, solamente tiene un sólo objetivo: alejarnos de Dios y dañarnos por medio de alimentarnos con las pasiones. Este sistema del mundo maligno se define claramente en 1 Juan 2:16:

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.

En la actualidad, el mundo es cada vez más persistente con su corriente interminable de tentaciones pecaminosas e inmundas. Además, la tecnología moderna facilita que satisfagamos nuestros deseos con tan sólo dar un toque ligero en nuestro teléfono o pulsar el botón en nuestra computadora. Con tantas distracciones diversas que atienden nuestros deseos, el mundo está cada vez más presente, tentándonos las veinticuatro horas del día. ¿Qué se supone que debemos hacer?

¡Debemos huir! huir significa escapar, alejarse de algo. No significa luchar con algo, más bien huir de algo. La Biblia no dice que debemos resistir las pasiones con una fe firme; no, Pablo utiliza el verbo “huir”, una palabra definitiva y activa cuando se trata de cómo enfrentar a las pasiones, y Romanos 13:14 dice: “no proveáis para la carne a fin de satisfacer sus concupiscencias”. No podemos permitirnos permanecer pasivos o ser complacientes a las concupiscencias. Es probable que ahora más que nunca en la historia de la humanidad, tengamos que huir, en otras palabras, alejarnos de las concupiscencias.

Ceder a las concupiscencias de nuestra carne o satisfacerlas, nos daña. Dios nos creó como vasos para contenerle y expresarle, no obstante, Satanás quiere dañar nuestros vasos (espiritualmente, mentalmente, emocionalmente y físicamente) por medio de las concupiscencias de nuestra carne. Pablo habló esta palabra a los creyentes tesalonicenses en 1 Tesalonicenses 4:4-5:

“Que cada uno de vosotros sepa poseer su propio vaso en santificación y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios”.

Queda claro que, ningún creyente es inmune a la pasión de concupiscencia. No importa cuanto tiempo tengamos de ser salvos o cuantas experiencias de Cristo tengamos, la palabra sabia que el apóstol Pablo habló respecto a huir aplica a cada creyente, pues las concupiscencias representan un peligro constante para todos nosotros. La manera de no ser dañados y contaminados por las concupiscencias sino poseer nuestro propio vaso en santificación y honor es ¡huir!

Seguir a Cristo

Sin embargo, Pablo no se detuvo en “huye de las pasiones juveniles”; él continuó diciendo: “Sigue la justicia, la fe, el amor y la paz”. Huir sin llevar un rumbo fijo o direccion fija es algo difícil. No obstante, Pablo nos dijo que no solamente huyeramos de algo, sino también que siguiéramos hacia algo.

Seguir significa buscar, descubrir o ir en pos de algo, otra palabra definitiva y activa.

Por una parte, debemos huir de algo terrible: las pasiones juveniles; por otra parte, debemos seguir algo maravilloso: Cristo como nuestra justicia, fe y paz verdadera. Mientras huimos, también seguimos a Cristo en calidad de estas virtudes para nuestro vivir.

La nota de pie de página 2 de este versículo en la Versión Recobro explica estas virtudes en nuestra experiencia:

“La justicia se ejerce para con uno mismo, la fe para con Dios y el amor para con otros; la paz es el resultado de estas tres virtudes”.

De modo que cuando seguimos a Cristo, las virtudes de la justicia, la fe y el amor pueden llegar a ser nuestras. Experimentamos a Cristo como nuestra justicia en nuestra relación con otros, a fin de que estemos bien con ellos. Experimentamos a Cristo como nuestra fe viva en nuestra relación con Dios, a fin de que creamos en Él. Por último, experimentamos a Cristo como nuestro amor ilimitado con el cual podemos amar a todos. A medida que experimentamos a Cristo como todas estas virtudes, en vez de luchar con las pasiones, tenemos a Cristo como nuestra verdadera paz interior.

Huir de las pasiones y seguir a Cristo no deben de ser eventos que suceden esporádicamente; en cambio, debemos tener una vida diaria que huya de las pasiones y siga a Cristo. En tanto que meditamos en nuestra vida diaria a partir de 2 Timoteo 2:22, es probable que nos detengamos y nos hagamos la siguiente pregunta: “si no estoy huyendo de las pasiones y siguiendo a Cristo, entonces, ¿qué estoy haciendo?” ¡Que seamos aquellos que diariamente huyen de las pasiones y siguen a Cristo!

Cómo llevar una vida que huye de las pasiones y sigue a Cristo

¿Cómo podemos llevar una vida diaria que huye de las pasiones y sigue a Cristo? Por nosotros solos es imposible. Sin embargo, Pablo no nos estaba hablando meramente teoría o doctrina, de modo que en la segunda parte del versículo nos dió la manera práctica de huir de las pasiones y seguir a Cristo: “con los que de corazón puro invocan al Señor”.

Huir de las pasiones y seguir a Cristo es con los que, lo cual significa que es con los creyentes que también están activamente huyendo de las pasiones y siguiendo a Cristo e invocando el nombre del Señor con un corazón puro. No obstante, aparte de tener una relación personal con el Señor Jesús, es preciso que todos encontremos algunos compañeros espirituales, aquellos con los que podamos orar, leer la Biblia, invocar el nombre del Señor Jesús, consagrarnos y tener comunión con ellos sobre crecer en el Señor y experimentar a Cristo cada día.

Por sí solos, no podemos enfrentarnos a Satanás, su sistema mundial y nuestro carne caída. No obstante, estar “con los que de corazón puro invocan al Señor” nos permite huir de los deseos de la carne y escapar las tentaciones del mundo. Aún más, al estar “con los que” somos fortalecidos y animados para seguir a Cristo de forma activa y positiva y seguir todo lo que Él desea ser para nosotros.

A medida que prestamos atención a la palabra de estar con otros que van en pos del Señor, debemos también estar atentos a la advertencia que se nos hace en 1 Corintios 15:33: “No os engañéis; las malas compañías corrompen las buenas costumbres”.

El tipo de persona con la que pasemos tiempo puede influenciarnos. Esto es así; de modo que debemos ser sabios y no hacernos compañeros de personas que nos alejan de Dios; más bien, debemos escoger estar con los creyentes que se alejan de los deseos de la carne que dañan e ir en pos del Señor Jesús.

Vasos para honra, llenos de Cristo

Ciertamente, tenemos una carne caída con sus deseos, y dondequiera que vamos nos encontramos con tentaciones en abundancia e inmoralidad desvergonzada. No obstante, podemos ser esos creyentes que llevan una vida diaria de huir de las pasiones y seguir a Cristo con otros creyentes. Como vasos creados por Dios, podemos ser aquellos que son llenos de Cristo como nuestra justicia, fe, amor y paz. Entonces podremos ser vasos para honra, santificados, y útil a nuestro amado Dueño, tal y como se menciona en 2 Timoteo 2:21.


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