Mi espíritu: un descubrimiento que cambió mi vida

Es muy interesante que cada vez que leemos la Biblia, inclusive cuando la leemos varias veces, pasemos por desapercibido algo que es de importancia. Por ejemplo, probablemente nos acordemos que la Biblia menciona al Espíritu Santo varias veces, pero ¿qué acerca de nuestro espíritu humano? Es posible que le sorprenda saber que el espíritu se menciona un sin número de veces tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Darnos cuenta del lugar que nuestro espíritu humano ocupa tanto en el propósito de Dios como en nuestra vida cristiana puede ser un descubrimiento que cambia la vida,el espíritu ilumina nuestro entendimiento y nos lleva a tener una relación verdadera y viviente con el Señor.

En entradas anteriores, hablamos sobre cómo Dios nos creó con tres partes, es decir, con un espíritu, alma y cuerpo, y hablamos también de cuál es la diferencia entre el alma y el espíritu. Esta entrada se enfocará específicamente en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser y la clave de toda nuestra experiencia espiritual.

El significado del espíritu a los ojos de Dios

Zacarías 12:1 dice,

“Así declara Jehová con respecto a Israel. Así declara Jehová, que extiende los cielos, pone los cimientos de la tierra y forma el espíritu del hombre dentro él”.

Podemos apreciar lo admirable e impresionante de los cielos y la tierra creada por Dios. Sin embargo, este versículo nos muestra que el espíritu humano es igual de admirable e impresionante, poniéndolo al mismo nivel que el de los cielos y la tierra.

Además, Zacarías 12:1 no solamente dice de manera general que Dios “formó al hombre”, sino de manera particular que Dios “formó el espíritu del hombre dentro de él”. Esto indica que el espíritu del hombre es la parte más esencial del hombre, la parte más crucial de nuestro ser.

Con tan sólo este versículo, nos podemos dar cuenta cuán importante es nuestro espíritu humano. De modo que ¿por qué nuestro espíritu es tan crucial para Dios? Veamos de qué manera y porqué Dios formó un espíritu en nosotros.

La manera en que Dios formó el espíritu del hombre dentro de él

En cuanto a la creación del hombre, Génesis 2:7 dice:

“Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, y llegó a ser el hombre alma viviente”.

En el idioma original de este versículo, que es el hebreo, la palabra para aliento es neshamah. Esta misma palabra neshamah se usa otra vez en Proverbios 20:27, pero allí se traduce como espíritu:

“Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre”.

Tanto en Génesis 2:7 y Proverbios 20:27, podemos ver que el aliento de Dios, el cual Él sopló en el hombre, formó el espíritu del hombre.

En Su creación del universo, Dios extendió los cielos y puso los cimientos de la tierra, ambos fueron hechos grandiosos. Sin embargo, respecto a Su creación del hombre, Dios formó el espíritu del hombre dentro de él, soplando en él Su propio aliento, ambos dos hechos íntimos. Esto nos muestra el valor precioso de nuestro espíritu y el tipo de relación que Dios desea tener con los seres humanos que Él creó.

Porque Dios formó el espíritu del hombre dentro de él

De todas las criaturas, solamente el hombre tiene un espíritu. ¿Cuál es la razón?

Tenemos que recordar que Dios creó al hombre porque Él tenía un propósito que deseaba cumplir. El deseo de Dios no era tener seres humanos que lo adoraran objetiva y externamente; Él ya tiene miriadas de ángeles que hacen esto. Mas bien, Su deseo era impartirse en los seres humanos que son hechos a Su imagen, compartir Su vida divina y ser todo para ellos. El hombre podría expresarlo entonces, al poseer la vida de Dios.

Para que Dios se impartiera en nosotros, Él nos creó con más que un cuerpo y un alma; Él tuvo que crear dentro de nosotros una parte especial que tuviera la capacidad de contactar, recibir y contenerlo a Él: nuestro espíritu.

Tres capacidades de nuestro espíritu humano

Debido a que nuestro espíritu fue creado y diseñado por Dios para contactarlo, recibirlo y contenerle, Dios puede ser nuestra vida de forma subjetiva. Lo podemos experimentar, vivirlo y expresarlo en nuestra vida diaria.

1. Nuestro espíritu humano puede contactar a Dios, quien es el Espíritu.

Juan 4:24 nos dice: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.

El Espíritu con letra mayúscula, el Espíritu divino es adorado por el espíritu en letra minúscula, el espíritu humano. La verdadera adoración que Dios desea de parte de nosotros no tiene nada que ver con desempeñar ritos particulares o guardar ciertas tradiciones. La verdadera adoración es contactar a Dios el Espíritu en nuestro espíritu de una manera viva.

Podemos usar un radio como ejemplo para demostrar la capacidad de nuestro espíritu para contactar a Dios. Aunque no veamos las ondas radiales, estas se encuentran por todas partes, y muchas de ellas, transmiten la música. Sin embargo, para poder percibir o captar esta música, debemos usar un aparato que sea capaz de contactar esas ondas radiales. Un tostador no tiene la capacidad, pero un radio sí, pues dentro de la caja está un recibidor especialmente diseñado para contactar las ondas radiales. Cuando prendemos el radio, captamos las ondas radiales como una música hermosa.

Dios el Espíritu es real. Lo podemos ver con nuestros ojos, pero nuestro espíritu humano puede contactarlo y asirse a Él. Podemos contactarlo a cualquier hora durante el día, especialmente cuando invocamos el nombre del Señor Jesús, nos “sintonizamos” al radio de nuestro espíritu para contactarlo e inclusive disfrutarlo como una bebida refrescante.

2. Nuestro espíritu humano puede recibir a Dios.

Dios desea impartirse Él mismo como la vida divina en nosotros, y puesto que tenemos un espíritu, podemos recibirlo. Cuando recibimos la vida eterna de Dios, nacimos de nuevo.

Juan 3:6 nos dice: “Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

Una vez más podemos ver el Espíritu de Dios y el espíritu humano. Cuando creemos y recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador, somos redimidos por la muerte de Cristo en la cruz por nosotros, y volvemos a nacer de nuevo al recibir el Espíritu con la vida de Dios en nuestro espíritu. Haber nacido de nuevo es una vez y para siempre. Sin embargo, recibir a Dios es algo constante que se lleva a cabo aún después de haber nacido de nuevo.

Para mostrar nuestra necesidad de recibir más de esta vida aún después de haber nacido de nuevo, podemos usar el ejemplo de un bebé. Un bebé nace solamente una vez físicamente, no obstante, después de esto él necesita recibir el suministro constante de vida, tales como el aire, el alimento y el agua, a fin de que pueda crecer y desarrollarse.

Asimismo, aunque nacer de nuevo del Espíritu en nuestro espíritu ocurre sólo una vez, debemos seguir recibiendo más de Cristo como vida todos los días a fin de que podamos crecer en Su vida. Para recibir más de Él, a diario podemos inhalarlo por medio de la oración, alimentarnos de Él en Su Palabra y beber de Él al invocar Su nombre.

3. Nuestro espíritu humano puede contener a Dios.

Un vaso es un recipiente diseñado para contener líquido; somos vasos diseñados para contener al mismo Dios.

Primera de Corintios 15:45 dice: “el postrer Adán [Cristo], Espíritu vivificante”.

Nuestro Salvador Jesucristo vivió una vida humana perfecta, murió en la cruz, resucitó de entre los muertos. En la resurrección, Cristo es ahora el Espíritu vivificante. Desde el momento que recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador, Él, quien es el Espíritu vivificante vino a nuestro espíritu para morar en nosotros para siempre. Nuestro espíritu ahora contiene al Espíritu!

Sin embargo, nosotros contenemos a Cristo en nuestro espíritu de una manera más maravillosa que un vaso contiene líquido. Mientras que un vaso y el líquido contenido allí permanecen como dos elementos separados, nosotros contenemos a Cristo de tal forma que somos uno con Él.

Primera de Corintios 6:17 dice:

“Pero el que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”.

Tanto el Espíritu como nuestro espíritu, ya no están separados, sino que están mezclados como un solo espíritu. Como vasos que contenemos a Cristo, somos un espíritu con el Señor mismo. Ahora podemos disfrutar esta unidad con Cristo y vivir por Él en nuestra vida diaria.

Apreciar nuestro espíritu humano

Nuestro espíritu humano que está formado y diseñado por Dios, es ciertamente maravilloso. Sin él Dios no podría impartirse Él mismo en nosotros como la vida divina, y no podríamos experimentarlo internamente como nuestra vida. Sin el espíritu, Dios solamente sería un Dios objetivo fuera de nosotros. Sin embargo, con nuestro espíritu, podemos contactarlo, recibirlo y contenerlo, no solamente de forma inicial cuando somos salvos, sino a diario por toda nuestra vida.

El Señor vive en nuestro espíritu

No tenemos que tropezar por la vida e intentar de alguna manera buscar al Señor cada día. ¡Si conocemos nuestro espíritu, conocemos exactamente donde Él está! Podemos localizar al Señor Jesús a cualquier hora del día en Su residencia permanente: nuestro espíritu.

Segunda de Timoteo 4:22 dice: “El Señor esté con tu espíritu, la gracia sea con vosotros”.

Nadie está más cerca o más disponible para nosotros como el Señor Jesús lo está. Esto quiere decir, que, a cualquier hora, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia, podemos contactarle, tener comunión con Él en nuestro espíritu. No importa cuán bajos o secos estemos a veces, podemos recibir más de Él como vida una y otra vez y de esta manera ser avivados y refrescados. Podemos volvernos de todo lo demás y volvernos a nuestro espíritu donde está Cristo para disfrutarle. ¡Alabado sea Dios por nuestro espíritu!

Esperamos que esta entrada le ayude a descubrir su espíritu humano. Manténgase al tanto de próximas entradas donde explicaremos de qué manera podemos experimentar a Cristo al usar nuestro espíritu.

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