Por qué necesitamos confesar nuestros pecados y cómo hacerlo

Como creyentes somos salvos eternamente, y Dios desea que nosotros, como creyentes, no pequemos. Esto lo podemos ver en la historia del Señor Jesús y la mujer adúltera en Juan 8. Jesús, el Único libre de pecado, el Único que puede perdonar el pecado y el Único cualificado para condenar al pecado, no condenó a esta mujer. Al contrario, Sus últimas palabras para esta mujer fueron éstas: “Vete, y no peques más”. Por más que no queramos, todavía pecamos durante nuestra vida diaria debido a que la naturaleza pecaminosa se inyectó en nosotros por medio de la caída. Debido a que Dios es santo, Él no puede tolerar el pecado, y nuestro pecado nos separa de Él, convirtiéndose en una barrera para nuestra comunión con Dios y aun nos causa que perdamos el gozo de nuestra salvación. Isaías 59:2 dice:

“Vuestras iniquidades han venido a ser una separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros Su rostro, de modo que Él no os oye”.

¡Cuán grave es el pecado! Tal gravedad nos debe hacer pensar que no debemos tolerarlo o dar ningún terreno al pecado en nuestras vidas. Sin embargo, cuando ya hemos caído y pecamos, ¿qué debemos hacer?

La necesidad de confesar nuestros pecados

Cuando pecamos, se crea una barrera entre nosotros y el Señor, la cual interrumpe nuestra comunión con Él. Es por eso que debemos confesar nuestros pecados. Cuando confesamos nuestros pecados, somos perdonados, nuestras ofensas son lavadas y nuestra comunión con el Señor es restaurada. No debemos ignorar nuestros pecados o tratar de encubrirlos. Proverbios 28:13 nos dice:

““El que encubre sus transgresiones no prosperará, mas el que las confiesa y las abandona obtendrá misericordia”.

En vez de encubrir nuestros pecados, debemos confesarlos, y creer en la Palabra de Dios en 1 Juan 1:9:

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.

¡Aleluya por la sangre de Jesús! Cada vez que confesamos, nuestros pecados son perdonados y la sangre de Cristo nos limpia de toda injusticia. ¡Qué provisión tan maravillosa de parte de Dios! Cuando confesamos nuestros pecados, nuestra comunión con el Señor es restaurada.

Así que, ¿cómo confesamos nuestros pecados?

Es posible que nos preguntemos cómo proceder respecto a confesar nuestros pecados. ¿Es necesario que esperemos a un tiempo determinado o vayamos a un lugar especial? ¿Necesitamos confesar nuestros pecados a una persona en particular? Afortunadamente, no es necesario esperar para ir a un lugar en particular o esperar un tiempo determinado. Esto se debe a que la persona a quien debemos confesar es el Señor Jesús mismo. Respecto a nuestros pecados, debemos tratar directamente con el Señor. Y debido a que Él está dentro de nosotros todo el tiempo y en cualquier lugar, no es necesario ir a un lugar o esperar un determinado periodo de tiempo para confesar. El tiempo para confesar es a cualquier hora y en cualquier lugar que el Señor lo alumbre en algo que haya hecho. Y entre más pronto confesemos, mejor. He aquí algunos puntos importantes respecto a cómo confesar los pecados.

1) Pasar tiempo con el Señor

Uno de los puntos cruciales con el que debemos comenzar es que es necesario que pasemos tiempo con el Señor en Su Palabra. Mientras pasamos tiempo con Él en oración, Su luz nos alumbrará y expondrá, señalándonos ciertos pecados. No debemos ser introspectivos y buscar nuestros pecados. Dios es luz, y mientras pasamos tiempo con Aquel quien es luz, espontáneamente seremos alumbrados respecto a nuestros pecados. Entonces podremos confesarle al Señor los pecados sobre los cuales Él nos alumbra.

2) Confesar pecados específicos

Cuando el Señor nos alumbra, siempre es de forma específica. Él puede alumbrarnos en cosas tales como decir una mentira o en la manera en que nos dirigimos a alguien. Por ejemplo, supongamos que estamos conversando con nuestros amigos y el Señor nos da el sentir claro de dejar de conversar con ellos y regresar a estudiar o a trabajar. Sin embargo, lo desobedecemos y seguimos conversando. El Señor nos redarguye acerca de nuestra desobediencia y sabemos que sentimos la necesidad de confesar. En este momento, podemos orar: “Señor, confieso que te he desobedecido. Por favor, perdóname por conversar cuando Tú no querías que lo hiciera. Lávame de mi pecado con Tu sangre preciosa”. Después de confesar de esta manera, podemos estar seguros de que hemos sido perdonados y que la sangre del Señor lava nuestro pecado.

3) Confesar las cosas en las que el Señor nos alumbre

Debemos confesar las cosas en las que el Señor Jesús nos alumbre. Esto incluye no sólo nuestros actos pecaminosos, sino también nuestras debilidades, deficiencias y fallas. Por ejemplo, quizás el Señor nos redarguya sobre ser perezosos o ser rebeldes. Si es así, debemos orar: “Señor, perdóname por ser perezoso. Soy perezoso y esta es la razón por la que no paso tiempo contigo. Señor, perdóname”.

4) Mantener una lista breve con el Señor

No deseamos que nuestros pecados se acumulen entre nosotros y el Señor. De modo que debemos tener la práctica de mantener una lista breve con el Señor al confesar nuestros pecados tan pronto como seamos redargüidos en cuanto a ellos. Digamos que estamos hablando con un miembro de la familia y perdemos nuestro temperamento, y salimos del cuarto estallando con ira. Luego, mientras estamos en nuestra habitación, somos redargüidos por el Señor y nos damos cuenta que estuvo mal haber perdido nuestro temperamento. Inmediatamente, podemos confesar este pecado al Señor y decirle: “Por favor, perdóname. Lávame con Tu sangre preciosa ahora mismo”. Cuando confesamos, inmediatamente Dios nos perdona y se despeja cualquier ofensa hacia el Señor. No obstante, en estos casos, es necesario que tomemos cuidado de la persona a quien hemos ofendido. Así que, además de haber confesado al Señor nuestro pecado, debemos también ir y disculparnos con el miembro de nuestra familia. Confesar nuestros pecados diariamente, y hasta varias veces al día como sea necesario, es como lavar nuestras manos. Durante todo el día nuestras manos se ensucian, pero no dejamos que la mugre se acumule. Nos lavamos las manos cuando están sucias. El hábito más sano que debemos tener respecto a confesar nuestros pecados es no permitir que que nuestros pecados se acumulen, sino confesarlos a fin de que podamos ser lavados. Esto nos mantiene en una buena relación con el Señor.

5) Pasar tiempos más prolongados con el Señor

Aparte de confesar nuestros pecados diariamente y llevar una lista breve con el Señor, también podemos pasar tiempos más prolongados con Él y estar bajo Su alumbrar. Una vez a la semana o una vez al mes podemos pasar treinta minutos o una hora adicional con el Señor para permitirle que nos alumbre más de una forma profunda. De igual manera, nosotros también tendremos más tiempo de responder a Su alumbrar y confesar de una manera profunda. Podemos comenzar estos tiempos orando los versículos de la Biblia o cantando un himno al Señor. Luego, podemos pedirle al Señor que nos alumbre. Mientras Él hace esto, sencillamente confesamos cualquier cosa en la que Él nos alumbre. Por medio de pasar más tiempo con el Señor, nuestra experiencia de confesar y ser lavados no sólo restaura nuestra comunión con el Señor, sino que la fortalece.

Cada uno de nosotros puede aprender esta práctica sana de confesar nuestros pecados. Quizás al principio no sea fácil, pero podemos intentar poner en práctica estas cosas mencionadas en esta entrada. ¡Que el Señor nos ayude a confesar diariamente y también a pasar más tiempo con Él para que nuestros pecados puedan desaparecer y para restaurar y fortalecer nuestra comunión con Dios!

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