¿Qué es la fe y de dónde proviene?

¿Qué es la fe? ¿Nos referimos a pensar de manera positiva? ¿Es estar determinados a creer en algo aun cuando nos enfrentamos con dificultades? ¿Existen personas que tienen la habilidad innata de creer?

Una definición de fe

Hebreos 11:1 nos dice qué significa la fe:

“Ahora bien, la fe es lo que da sustantividad a lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

La nota 1 del Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a entender más a fondo lo que esto significa:

“La fe es lo que da sustantividad a lo que se espera. Por lo tanto, es la seguridad, la confianza, la confirmación, la realidad, la esencia, la base de sustentación, de lo que se espera, es decir, el fundamento que sustenta lo que se espera. La fe también es la convicción de lo que no se ve. Esta fe nos convence de lo que no vemos. Por lo tanto, es la evidencia, la prueba, de lo que no se ve”.

Al leer esto, podemos darnos cuenta que la fe es algo verdaderamente maravilloso. Sin embargo, solamente saber la definición de la fe no es suficiente. Respecto a nuestra experiencia de la fe, es necesario hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿De dónde viene la fe?
  • ¿Cómo obtenemos la fe?
  • ¿Cómo fortalecemos nuestra fe?

¿De dónde viene la fe?

Lo primero que debemos entender es que la fe no proviene de nosotros. Ninguno de nosotros nacimos con la habilidad de creer. En cuanto a creer ninguna persona es mejor que otra. Si buscamos la fe en nosotros mismos, nos desanimaremos. Esto se debe a que nosotros no somos la fuente de la fe. Sencillamente no podemos crear la fe en nosotros mismos. Estos tres versículos en la Biblia nos muestran la fuente verdadera de la fe:

“A los que se les ha asignado, en la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra”.—2 Pedro 1:1

La fe viene de Dios, Dios nos asigna, o nos da, la fe.

“Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios”.—Gálatas 2:20

Nuestra fe no es sólo en Cristo, sino también de Cristo. ¡La fuente de la fe es el Hijo de Dios! Creemos en el Señor Jesús no por nuestra propia fe, sino por Su fe.

“Puestos los ojos en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe”—Hebreos 12:2

Jesús es el Autor, el Originador, de nuestra fe. Él también es el Perfeccionador, el Completador, de nuestra fe. Como el Autor de nuestra fe, Jesús es el origen de nuestra fe. Como el Perfeccionador de nuestra fe, Jesús es el consumador, el completador de nuestra fe; Él, y no nosotros, terminará lo que inauguró en nosotros.

Los tres versículos que mencionamos nos muestran claramente que nosotros no somos la fuente de la fe. La fe es algo que Dios nos ha dado; la fe es la fe del Hijo de Dios; y Jesús es el Autor y Perfeccionador de la fe.

¿Cómo llegó esta fe a ser nuestra fe? Esto nos lleva a la siguiente pregunta.

¿Cómo obtenemos la fe?

Romanos 10:17 nos dice sencilla y claramente cómo obtenemos la fe:

“Así que la fe proviene del oír, y el oír, por medio de la palabra de Cristo”.

¿Cómo creímos por primera vez en Jesucristo? Fue por medio del oír la palabra de Cristo. Alguien nos habló acerca de la Persona querida de Jesucristo y de todo lo que Él hizo por nosotros en Su muerte y resurrección. Mientras escuchamos, la preciosidad de Jesús se infundió en nosotros, y comenzamos a apreciarlo. Mientras se nos hablaba el evangelio, quizás hasta más de una vez, nuestra apreciación de Cristo aumentó, hasta que finalmente una reacción espontánea tomó lugar en nosotros: creímos en Él y deseábamos estar con Él. Anteriormente, quizás no pensábamos en Jesucristo ni creíamos que era real, pero de nuestro oír la palabra de Cristo, la fe vino a nosotros.

Podemos ilustrarlo de la siguiente manera. Supongamos que usted no tiene ningún conocimiento acerca de diamantes. Y que a primera vista, un diamante le parezca a usted como un pedazo común de vidrio. No obstante, un joyero le explica cómo tomó miles de años para que el diamante se formara y cómo necesitó una presión tremenda para que se produjera. Mientras lo mira de cerca, el joyero le explica diferentes características del diamante para hacerle ver cuán valioso es el mismo. El joyero le muestra cómo cada faceta del diamante revela su belleza brillante en la luz. Entre más escucha al joyero y observa el diamante, más usted lo aprecia y quiere poseerlo.

Al recordar nuestra propia experiencia de la salvación, podemos darnos cuenta cómo nuestro oír la palabra acerca de Cristo nos causó que verdaderamente viéramos a Cristo y nos diéramos cuenta de su valor tan precioso. Comenzamos a atesorar al Señor Jesús, apreciando Su Persona y todo lo que Él hizo por nosotros. Inexplicablemente nos damos cuenta de que lo queremos y que hasta comenzamos a amarle. Sin ni siquiera intentarlo, comenzamos a tener fe en Cristo. Esta fe es simplemente el Cristo que nos fue predicado llegando a ser nuestra capacidad para creer por medio de nuestra apreciación por Él.

De modo que la fuente de la fe no está en nosotros mismos, sino en el Señor. Y en nuestra experiencia de la fe, la fe llegó por el oír el evangelio. No llegó por esforzarnos en creer o por convencernos a nosotros mismos de pensar positivamente. La palabra de Cristo que se nos habló impartió la fe en nosotros. Es de esta manera que inicialmente pudimos obtener la fe preciosa proveniente de Dios.

La siguiente pregunta es, una vez que recibimos esta fe de Dios, ¿cómo fortalecemos nuestra fe? ¡No se pierda la próxima entrada donde aprenderemos el secreto de vivir una vida de fe!

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