Una pregunta acerca del pecado imperdonable

Recibimos el siguiente comentario y pregunta de uno de nuestros lectores que leyó esta entrada: “¿Puede usted perder la salvación?”:

“Me alegro mucho de haber encontrado este artículo. Se que las decisiones que Dios toma no se pueden cambiar y que Él nos sostiene en Sus manos. No obstante, todavía me siento inseguro respecto a mi salvación. Por favor, pueden contestar las siguientes preguntas: ¿No aceptar a Jesús como nuestro Salvador puede ser considerado como un pecado imperdonable? ¿Puede un cristiano cometer el pecado imperdonable del que se habla en Marcos 3:28-29?”

Pensamos que nuestra respuesta sería de gran ayuda para otros que tienen las mismas preguntas de modo que decidimos publicarla en nuestro blog.

Estimado Lector:

Gracias por su comentario donde nos pregunta sobre el pecado imperdonable y por hacer referencia a Marcos 3:28-29:

“De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y cuantas blasfemias que profieran; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de un pecado eterno”.

Vayamos también a Mateo 12:31-32, este es un pasaje de la Palabra de Dios que se relaciona con los versículos anteriores y cuyos versículos nos dan más detalle:

“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; pero la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. Y cualquiera que diga alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.

En primer lugar, usted preguntó sobre si el pecado imperdonable tiene que ver con no aceptar a Jesús como nuestro Salvador. Este no es el pecado imperdonable, pues los mismos versículos nos dicen que el pecado imperdonable es blasfemar al Espíritu.

Para obtener más ayuda, leamos la primera nota de pie de página de Mateo 12:32 encontrada en la Versión Recobro:

“En la economía del Dios Triuno, el Padre concibió el plan de redención (Ef. 1:5, 9), el Hijo realizó la redención conforme al plan del Padre (1 P. 2:24; Gá. 1:4), y el Espíritu llega a los pecadores para aplicarles la redención realizada por el Hijo (1 Co. 6:11; I P. 1:2). Si un pecador blasfema contra el Hijo, como lo hizo Saulo de Tarso, el Espíritu todavía puede obrar en él y motivarle a arrepentirse y creer en el Hijo para así ser perdonado (véase 1 Ti. 1:13-16). Pero si un pecador blasfema contra el Espíritu, el Espíritu no tiene base para obrar en él y no queda nadie que lo haga arrepentirse y creer. Por lo tanto, es imposible que tal persona sea perdonada. Esto no sólo es lógico según el raciocinio humano, sino que también es un asunto gubernamental, el cual responde al principio administrativo de Dios, como lo revela aquí la palabra del Señor”.

El trasfondo aquí es que el Señor Jesús había sanado un hombre poseído por un demonio, echando fuera el demonio de él por medio del Espíritu de Dios. Sin embargo, los fariseos y escribas acusaron al Señor Jesús de echar fuera demonios por Beelzebú, el señor de los demonios. Al decir esto, blasfemaron contra el Espíritu. Jesús les dijo con firmeza que blasfemar al Espíritu es un pecado eterno. Debido a que es el Espíritu quien obra en las personas a llevarlas al arrepentimiento y a recibir la salvación, si alguno blasfema al Espíritu, el Espíritu no tiene forma de obrar en esa persona y llevarlo a recibir la salvación y el perdón.

Sin embargo, aunque no recibir al Señor no es el pecado imperdonable, no recibirlo trae graves consecuencias. Solamente al creer en Jesús como el Salvador y Redentor es que podemos ser perdonados y salvos del juicio eterno. Dios no solamente es un Dios amoroso sino también alguien que tiene longanimidad. Siempre que una persona esté viva, incluso si hay una que haya rechazado anteriormente a Cristo, la oportunidad de recibir la salvación y ser perdonado permanece disponible.

De hecho, muchos que han rechazado a Jesús e inclusive maldecido Su nombre, han llegado a arrepentirse, creído en Él y amarlo. Esto lo podemos ver claramente en la vida del apóstol Pablo, quien anteriormente a su conversión no solamente el mismo no creía en Jesús, sino que también perseguía a aquellos a quien sí creían en Jesús.

Todos nosotros que ahora somos creyentes, anteriormente éramos aquellos que no habían recibido a Jesús como nuestro Salvador. No obstante, fue por la predicación del evangelio que el Espíritu nos convenció de nuestros pecados y nos introdujo al arrepentimiento y la fe en Cristo. ¡Fuimos perdonados y salvos!

Sin embargo, si una persona incrédula sigue rechazando a Cristo y la salvación que Dios efectúa, y luego muere en su incredulidad, esta persona pierde la oportunidad de ser perdonado y salvo. ¡Qué el Señor nos ayude a orar por nuestros amigos y parientes que aún no son salvos a fin de que les prediquemos el evangelio a tiempo!

En segundo lugar, usted nos preguntó si un cristiano puede cometer el pecado imperdonable mencionado en Marcos 3. Al leer el contexto cuidadosamente encontrado en Mateo y Marcos, podemos ver que el Señor habló esta palabra respecto al pecado imperdonable de blasfemar al Espíritu a los fariseos y escribas incrédulos y religiosos, y no a sus discípulos, quienes ya habían creído en Él. Un cristiano es uno que ha creído y recibido a Jesús como el Salvador. Cuando una persona hace esto, ella es salva eternamente, y su salvación es irreversible. Es decir, jamás puede ser anulada.

Ahora hablemos acerca de lo que sucede cuando un cristiano comete un pecado después de ser salvo. Aunque hemos creído en Cristo, todavía pecamos. No obstante, el hecho de que todavía pequemos, no significa que ya no somos salvos o que perdemos la salvación. Hablamos de esto en nuestra entrada: “¿Puede usted perder la salvación?”.

Cuando nos arrepentimos y creímos en Jesús, volvimos a nacer en nuestro espíritu con la vida de Dios. Sin embargo, el problema es que, aunque ahora tenemos la vida de Dios, aún tenemos un alma caída y nuestra carne pecaminosa, las cuales nos inducen a pecar.

De modo que, ¿qué debemos hacer cuando pequemos? Es necesario que confesemos al Señor nuestros pecados a fin de que seamos perdonados y limpiados de esos pecados (véase 1 Juan 1:9). Confesar estos pecados después de ser salvos, no son para asegurar nuestra salvación, nuestra salvación está eternamente segura. No perdemos nuestra salvación cuando pecamos, pero si perdemos el gozo y la paz con el Señor Jesús. A fin de que la paz sea recobrada entre nosotros y el Señor, es necesario que le confesemos los pecados de los cuales estamos conscientes.

No es necesario que busquemos o nos preguntemos cuáles son los pecados que hemos cometido. El Señor Jesús vive en nuestro espíritu, y una parte principal de nuestro espíritu es nuestra conciencia, la cual nos advierte de los pecados que cometemos. A medida que pasamos tiempo con el Señor abriendo nuestros corazones en la oración y en la Palabra, permitimos que el Señor nos alumbre. Entonces cuando nos dé a conocer un pecado en específico que hayamos cometido, iluminandonos respecto a ese pecado, debemos confesarlo y pedirle que nos perdone. Su Palabra nos dice que Él es fiel para perdonarnos y limpiarnos. Si practicamos confesar pronto nuestros pecados, nos mantendremos sanos espiritualmente.

¡Gracias al Señor por esta manera sencilla de ser perdonados y lavados por Él! Sin embargo, aunque somos lavados y perdonados al confesar nuestros pecados, no debemos ser sueltos en cuanto el pecado. El hecho del que el Señor nos haya perdonado, no nos autoriza a pecar. Si lo ofendemos, nos traerá consecuencias. Cuando desobedecemos al Señor o pecamos contra Él, lo contristamos. Además, ser descuidados en cuanto al pecado daña nuestra relación con el Señor.

El Señor Jesús quien mora en nuestro espíritu, es nuestra nueva vida, nueva persona e inclusive nuestro nuevo vivir. Nuestra intención debe ser una que mantiene comunión con el Señor todo el tiempo y establecer una vida de andar en nuestro espíritu. Cuando estamos activos con el Señor en nuestra vida diaria, Su vida que vence al pecado puede ser vivida por medio de nosotros. Sin embargo, todos tenemos fracasos, y cuando los tenemos, debemos confesar al Señor para que seamos perdonados y recobremos nuestra comunión con Él.

Deseamos volver a repetir, una vez que usted recibe al Señor Jesús como Su Salvador, nunca puede perder su salvación. Romanos 10:9 dice: que si confiesas con tu boca a Jesús como
Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Esta palabra de Dios es la que nos asegura. La seguridad de nuestra salvación no se determina por nuestro sentir de que seamos salvos, sino por la palabra fidedigna de Dios, y Dios no puede mentir.

Esperamos que esta respuesta le sea de gran ayuda. Que la Palabra de Dios llegue a ser su fundamento sólido.

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